En su cuaderno escribí:
"Qué ganas de saber lo que mi interior ya ha de saber...
Siempre, desde adentro sabes la verdad que tu cabeza o mente anda buscando con desespero.
Yo quisiera decirte que hay dentro de mi; que es esto que me hace temerte como el peor de los verdugos;
quisiera decirte que es aquello que me lleva a desconfiar de ese pasado que siento 'yo' podría volver.
Abrirme el pecho y dejarme leer como mis mejores líneas, las que son para ti.
Viajar por dentro de tu mano y tu calor, el paisaje deseado.
La solución al 'problema' existencial que nos fastidia y nos carcome esta utopía de amor.
Que ganas de saber y de querer leerte con tu mayor honestidad, sin necesidad de adornar verdades
ni de esconder detalle...
Que ganas de dejar este miedo al engaño tengo..."
Y ella respondió sin yo haberlo pedido:
¿Ganas de qué realmente?
Si la verdad te circunda a donde vas,
si la verdad se presenta en escena antes que tú,
pero para verla no hace falta más que cerrar los ojos.
Tu corazón letrado no versa más que de amor,
pero tu mente no te da sosiego,
te acorrala contra la memoria y los sentidos,
estas ahí -en medio- con un recuerdo que te corta la garganta y un muro inquebrantable.
Rebélate (si, con 'B'), rebélate contra ti, contra ella, contra lo que deseas saber,
y lo que decías buscar lavará con sus manos tu rostro y educará su boca para besarte...
Asumo que quizás no responda tus pregunta, ni te salve del miedo al engaño,
pero quiero que notes que no hay nada que puedas encontrar afuera,
ese 'problema existencial' vive dentro y se apaga al cerrar los ojos,
despertar a la ilusión.
Entre ella, yo, la clase...
No hay comentarios:
Publicar un comentario