Empecé a escribir para liberar la tirantez de sentimientos dentro de mí; ahora escribo para darle orden a las emociones y pensamientos que quiero compartir; hoy escribo para ti, mi amor.
Hace más de dos años que me enamore de una ventana abierta y yo era una de las chicas de turno engañándome a mi misma con que yo también era una ventana y ella era la chica de turno. Actualmente, nos pertenecemos y la vida que llevaba dejo de usar las ventanas para entrar. Decidimos darle llave al amor para que entrara por la puerta y es que el amor, es posible en todas las formas; siempre está en ti, no en otra persona.
Escribíamos historias rebuscada sin saber que encontraríamos nuestra historia hecha carne, huesos y fluidos. Te llamaba María Iribarne mientras soñabas con que esta vez yo, Castel no te asesinaría. Y así fue, no le maté, decidí vivir a ojos ciegos y oídos sordos lo que me dictó el corazón. Mi piel ahora es toda tuya y que maravilloso es volar junto a ti; despegar del piso los deditos de los pies y sentir la altura en el estómago –así como las mariposas- volamos con un beso, sonreímos al mirarnos y el clímax se este sentimiento es saber que nos encontramos sin buscarnos; contigo aprendí a amar mis letras porque fuiste tú quien le ganó a mi inspiración para vestirse todo el tiempo de musa y color. Contigo aprendí que siempre amar está dentro de mi, te amo por lo que haces de mi cuando estoy contigo; soy quien descubrió la verdad del amor de tus labios. La discusión siempre está a pedir de boca pero aprendo con el tiempo a entenderte, soy capaz de torcer mi brazo por ti, soy capaz de enfrentarme al mundo por tu amor. Hace tiempo que nadie me hacía sentir tanto poder dentro de mi.
Leeme antes de dormir como el libro de tus sueños que siempre guardarás debajo de la almohada, cuidame como esos libros que tanto atesoras mientras tanto yo te contaré un secreto una de estas madrugadas acostada en tu pecho con las manos en tu quijada -nunca había amado así-…
Somos mar, somos cielo, somos todo… simplemente somos.