He decidido escribir estas líneas como añoranza a aquellos tiempos en los que usted y yo bailabamos sobre mesas tambaleantes con manteles que volaban en si mismos; aquellos tiempos en los que el tintineo de una copa no significaba mas que la antesala a un gran discurso. Y así me voy perdiendo en memorias que ya no volveran, memorias que usted y yo queremos dejar atrás solo para vivir el hoy y el ahora. Mi querida y siempre Iribarne no olvide que he de ser la representación misma de su locura, su pasión y aún mas peligroso su deseo de ser normal; con poca explicación le digo que no hacen falta palabras cuando su piel y la mía se encuentran en aquel instante de tiempo y solo de dos.; cuando con besos despegamos el vuelo que ya no tiene miedo en dirección…
Se despide.
Suyo siempre sin pertenecerle.
Castel.
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