No es que seas mi llanto, es que tu lo propicias
No es que seas mi felicidad, es que tu me la das
No es que seas dolor, es que tu me has clavado el cuchillo en el cuerpo
Y no es que seas tu, es que soy yo quien decide amar y amar.
No soy un partido de sueños ni la magia en la punta de tus dedos,
solo intenté no ser; esa persona que te daña y te mata de a poco el corazón; intenté no ser el cansancio de tus parpados en esa noche de larga lectura; yo solo no quería ser...
Pero es que yo solo deseaba que miraras acá, en la esquina -le dije- el rincón que guarda todos mis secretos; ella contestó que ya no sentía más. Se te acabó el tiempo -repetía sin remordimientos- Yo en cambio cubría mis ojos para no mostrarle mi debilidad; eso que ella me inventó -la necesidad de tenerla para siempre y un quizás-
...ahora en el medio de la sala figuran tus trampas y mis exquisitas posibilidades de ser...
Ella no es lo que dices y tu no eres quien crees que eres -escribió sin dudar- floto entre recuerdos que ya no bailan en mis manos, no ríen en mis oídos; recuerdos que ya no besan mis labios. Tarde tanto en decidir el vagón que se me pasó el andén de "destino" -pss, destino, como si creyera en el- me digo, ya nada vale, ya nada cuesta, ya nada ofrezcas. El respeto y el agradecimiento quedaron bastante grandes para esta historia. Me la llevo de regreso a mi lugar, escrita pero ya sin precio para su venta, ni barata la puedo pensar.
Debo aprender y dejar de soñar, no soy y no seré.
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